El indio Pablo

Escrito por: jotamar1
8 abril, 2018


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Suda copiosamente el indio Pablo bajo el sol quemante del llano mientras apila la leña en la parrillera de ladrillos rojo sangre frente al corredor de la casa. Es una casa grande, luminosa, rodeada de corredores con techos de madera y tejas.
En las hamacas multicolores colgadas una frente a la otra mi compadre saborea el trago de ron con limón que momentos antes Pablo le ha servido, mientras yo me abanico atontado por el calor.
-Pablo- le dice mi compadre- sírvele un roncito aqui al amigo que parece que se está deshidratando-
Pablo termina de colocar el último leño y camina raudo hasta la cocina para reaparecer minutos después con el trago en la mano. Me lo extiende sin decir palabra, con una mueca a manera de sonrisa, y se dirige de nuevo a la parrillera.
Con paciencia y sabiduría ancestrales enciende los leños y los va moviendo de manera de que todos ellos prendan en candela.
-Pablo- dice sin verle mi compadre- por favor ve buscando la carne y los chorizos para que pierdan el frio de la nevera, y los colocas en el mesón de la parrillera. Eso sí, tápalos bien con un paño para que las moscas no hagan un festín-.
Mientras Pablo camina hasta la casa de nuevo, conversamos mi compadre y yo sobre la finca. –Nos ha costado mucho fundarla compa, ya tenemos como quince años en esto y ahora es que empezamos a ver los frutos-
Regresa Pablo cargado con la bandeja, envuelta en un paño estampado con flores campestres, y la coloca sobre el mesón. Atiza las brasas con cuidado, de manera meticulosa, mientras puedo ver como su transpiración ha empapado su blanca camisa de algodón y perlado su cetrina frente.
-Cuando estén listos los carbones, y no vayas a dejar que comiencen a apagarse, coloca primero los chorizos y un rato después la carne, mira que tardan más en cocerse los chorizos que los bistecs-
Pablo cumple tranquilo y callado con lo pedido, coloca uno a uno los chorizos, les da vuelta, y los arrima a un lado de la parrilla, para luego comenzar a colocar la carne.
-Pablo- le grita mi compadre- el amigo y yo ya estamos secos, por favor sírvenos otros traguitos mientras se asa la carne.
Se acerca Pablo, toma los vasos, y se dirige de nuevo a la cocina, con paso lento, para retornar con los tragos y darnos uno a cada uno.
Mientras Pablo vuelve hasta la parrillera, mi compadre me dice – ¡Ah, compa… sabrosa la vida del campo, ¿no? , es una verdadera maravilla!– y volteando hacia Pablo que está a unos metros tostándose con el inclemente sol le pregunta: – ¿Verdad, Pablo?…-
Pablo voltea, le mira con ojos entrecerrados y una sonrisa a medias en su rostro de indio cerrero para contestarle: – Umjú, doctor, ¡Como la vive usté…!

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Categoria: Microrrelatos |

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