Esa noche lo cambió todo

Escrito por: Akaan
12 marzo, 2018


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Es curioso como algo inesperado, algo que nunca pensaste y no buscabas pueda hacerte tanto daño. Es curioso como en una sola noche puedes pasar de nada a tenerlo todo y de nuevo a no tener nada. Es curioso como una persona que llegó de casualidad a tu vida puede romper todos los esquemas de tu vida, de lo que pensabas, de lo que sentías, en una sola noche. Es curioso cómo, en una sola noche, puedes pasar de soñar con el amor a odiarlo con toda tu alma, a desear que ese amor que te taladra el alma desaparezca para siempre. Es curioso, y duele…

Dicen que el tiempo, en su infinita sabiduría, cura todos los males del corazón. Puede ser verdad. Pero también dicen, y no con menos acierto, que los golpes que no esperas son los que más duelen.

Este fin de semana, el amor me golpeó, de forma inesperada y no por ello menos fuerte. Salí de fiesta, como tantos otros días con mis compañeros de la universidad, entre los que estaba ella. Apenas hace dos años que la conozco, pero es una chica preciosa, inteligente, amable, una chica que siempre me había gustado supongo, pero con la que lo más importante para mí era la fuerte amistad que nos unía. Y nunca pensé que yo también le gustaba, o quizás nunca me fijé…

Esa noche, después de haber pasado una buena tarde en su casa cenando y bebiendo, fuimos a una discoteca. Tras un par de copas salimos para ir a otro sitio. En la puerta nos pusimos a hablar, como tantas otras veces, mientras esperábamos al resto de amigos. De repente, sin motivo aparente nos besamos. No fue un beso largo ni profundo, pero nuestros labios entraron en contacto unos segundos y eso despertó en mi interior algo que hacía mucho que no sentía y algo que nunca imaginé sentir con ella. Pero entonces nuestros amigos salieron y ambos parecimos olvidarlo.

Más tarde, salí del bar donde estábamos a echarme un cigarro, con una amiga, que es su mejor amiga en realidad. Y aunque por un rato me había incluso olvidado de aquel beso, el tema de conversación se alargaba cigarro tras cigarro y se fue hacia ese tema. Y se lo conté. No porque quisiera algo con su amiga, sino porque aquel beso de apenas unos segundos me había hecho dudar de lo que sentía. Y entonces ella dijo unas palabras que destruyeron aún más mí ya de por si alterada mente. Dijo que su amiga le había dicho que yo le gustaba. Yo le respondí que no sabía qué hacer, porque apreciaba tanto la amistad que me unía a ella que en ese momento no quería arriesgarme a que algo saliera mal y pudiera alejarnos. Y entonces me hizo una pregunta que, más adelante en la noche, me haría replantearme aún más cosas. Me preguntó si para mi valía la pena. Y entonces la respuesta a esa pregunta tan vaga y difusa apareció en mi mente de forma tan clara y contundente que ni siquiera me paré un instante a pensarlo. Sí. Sí, sin ninguna duda merecía la pena el riesgo.

Pero entonces una cosa más vino a mi mente, esta chica de la que hablo no es española. Está aquí estudiando y cuando acabe la carrera es probable que regrese a su país. Para eso quedan aún dos años, pero yo acabaré el año que viene y seguramente me marche fuera a seguir mis estudios o a buscar trabajo. Entonces mi amiga me dijo que la chica quería quedarse en España, que le gustaba mi ciudad y que quería quedarse aquí. Y me dijo cinco palabras, “se quedaría por ti, seguro”. Aquello encendió una bombilla en mi mente, obnubilada por el alcohol y decidí que el riesgo merecía la pena.

Cuando entré al bar, comencé de nuevo a hablar con ella y entonces, delante de nuestros amigos, nos besamos. Esta vez no fue solo un beso tonto, sino que nos liamos. Y durante toda la noche no nos separamos. En un momento dado nuestros amigos se fueron a otro bar y nos quedamos solos. Salimos a la calle, el frío viento del invierno de mi ciudad nos rozaba, pero el calor de sus besos inundaba mi cuerpo. Sus manos acariciándome, su pelo moreno junto a mi cara y sus preciosos ojos, oscuros como su piel, me miraban con una ternura y una profundidad que hacía mucho que no sentía. Y entonces fue ella la que me preguntó algo, me dijo “¿es esto en serio?”, yo le respondí “Tan en serio como tú quieras” y ella me dijo “Del todo en serio”. Y volvió a besarme.

Pero los primeros párrafos no tendrían ningún sentido entonces. Y, de repente, silencio. Entramos en una discoteca, donde estaban nuestros amigos. Pedimos una copa cada uno, que pague yo porque su amiga se había llevado su cartera, y me fui al baño. Como la discoteca estaba a reventar tardé un rato en volver, y entonces cuando fui a tomar su mano para bailar, me apartó, medio llorando. No sé qué pasó después, el alcohol ha eliminado esos recuerdos de mi cabeza, pero ya no me habló en toda la noche, ni una sola palabra, así que, enfadado me marché a mi casa. Toda la noche juntos, y ahora solo me queda dolor. Dolor por la duda, por no saber qué pasó, dolor por no saber por qué dejó de hablarme. Dolor porque su boca me decía vete mientras sus ojos parecían suplicar que me quedara. Y dolor porque me fui.

Esa noche, el alcohol y el cansancio me ayudaron a dormir, olvidando por un rato aquella noche. Pero a la mañana siguiente, el dolor me volvió como un mazazo. Pensé en hablarle, en verla, necesitaba saber que había pasado, pero decidí esperar, la resaca aún mantenía mi cerebro un poco revuelto. A la tarde por fin le hablé. Traté de llamarla, pero no me cogía el teléfono, asique le escribí. No me respondió en todo el día.

A la mañana siguiente, recibí un mensaje suyo diciendo que no pasaba nada, que estaba bien. Cuando le pregunté por qué me dejó de hablar de golpe simplemente me dijo: “Lo siento, pero no estoy segura de que sintamos lo mismo”. Y de nuevo no me habló más.

A pesar de eso, sus palabras no pueden negar los hechos. Y no sé si fue lo que me dijo la noche que nos besamos o su forma de mirarme, pero en lo más hondo de mi corazón siento que ella me quiere, aunque mi cerebro me diga que me olvide.

¿Por qué asociamos el amor a algo bueno?, si al final nos causa más dolor que todo el odio, la envidia o la ira juntos. Porque el corazón trata de cambiar lo que vemos por lo que sentimos. Porque una vez leí una frase, que me pareció muy bonita, pero hasta esa noche, nunca la había sentido tan cercana. “A veces no solo sientes atracción física por una persona, a veces te enamoras de su alma. Y eso es irreparable”. Me acabo de dar cuenta de lo mucho que amaba su forma de ser, la amistad que nos unía, nuestras bromas, nuestros cafés diarios y nuestras fiestas. Aunque nunca había pensado en ella como pareja o como lío, en mi corazón estaba enamorado de ella, y ahora puedo incluso perder su amistad. Y eso es lo que más me duele, eso es algo que nunca me perdonaría.

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Akaan

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Categoria: Microrrelatos |

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