La lucha

Escrito por: jotamar1
19 diciembre, 2017


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Desde la posición en que me encuentro puedo ver mi cuerpo, tendido desnudo sobre la camilla del quirófano, mientras el médico y las enfermeras se mueven con excitación a mi alrededor tratando de revivirme sin éxito. Una grata sensación me inunda mientras voces melodiosas me llaman a su lado desde algún indescifrable punto. Sin embargo, quiero regresar a mi cuerpo, no deseo morir aun…

Estando en esas tribulaciones noto a un desconocido que ingresa subrepticiamente en mis restos mortales. Vuelven los sonidos del monitor cardíaco y escucho las exclamaciones de alivio y alegría del equipo de terapia intensiva. Y es que estoy vivo de nuevo… ¡pero no soy yo!.

De inmediato me acerco a la mesa de operaciones y me introduzco, con extrema dificultad, en mi cuerpo invadido por aquel inesperado extraño. El espacio es ahora reducido y nada confortable. Cuando al fin, tras un fuerte forcejeo me adapto a esta nueva situación, increpo airado al intruso por haber usurpado mi ser, pidiéndole de manera encarecida que salga inmediatamente, porque no estoy dispuesto a renunciar a mi vida por nada del mundo. Noto su molestia mientras me hace saber que sus restos fueron cremados y que él tampoco desea abandonar este mundo, por ahora.

La lucha que se desata en mi interior por el control es feroz: No es poca cosa esta lucha inmaterial alma contra alma. Afuera, el monitor se desquicia, los latidos aumentan, la presión esta por reventar y el cuerpo se estremece de manera atroz, ante la mirada atónita del personal médico. ¡Anticonvulsivos! Grita desesperado el galeno, mientras sus ayudantes buscan sin encontrar y la sala se convierte en un autentico pandemonio.

Al fin, luego de algunos minutos de denodada pelea y con fuerzas salidas de no sé donde, logro echar al invasor con un grito estentóreo de victoria que siento salir por mi garganta: abro los ojos de par en par y puedo percibir al médico y las enfermeras mirándome sudorosos y desorbitados mientras las lecturas del equipo se normalizan y mi cuerpo deja poco a poco de estremecerse.

¿Me oye? Interpela el doctor. Si, le respondo con voz pausada. Una sonrisa ilumina su rostro mientras me dice que jamás habían visto a nadie luchar tanto por su existencia.

Sonrío aliviado y en paz mientras les digo: ¡Y no tienen idea de cuánto!…

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Categoria: Microrrelatos |

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