Demencia

Escrito por: Bala Perdida
4 marzo, 2017


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Antes de que la bala perforara la cabeza de aquel demente, ese hombre no podía parar de reír.
Mientras la bala perforaba la cabeza del demente, éste pudo articular sus últimas palabras: “Estás loco”.
Mientras la bala perforaba la cabeza del demente, la gente aplaudía con gran intensidad.
Cuando la bala atravesó la cabeza del demente, la gente aplaudía precisamente a aquello que quería que desapareciese: la demencia de un hombre.
Cuando la bala acabó con la vida del demente, un último pensamiento pasó por mi cabeza: solo un verdadero demente podría disparar un arma con tanta facilidad.

El verdadero demente repetía esa acción todos los días.
Ese verdadero demente no faltó ni un solo día para realizar su tarea de acabar con la demencia.
Ese verdadero demente sabía que sus actos no eran más que para el gozo del pueblo.
Ese hombre sabía que el verdadero demente era él, pues acababa con la vida de personas por pura diversión.
Ese hombre sabía que a las personas que mataba seguramente estuviesen más cuerdas que las que acudían a ver aquel despreciable pasatiempo.
Ese hombre siempre supo que estaba loco, pero nunca supo por qué la gente le aplaudía.
Ese hombre era un verdadero demente, pero nunca fue castigado por su demencia. Y esa era precisamente la razón por la que antes de matar a los otros supuestos dementes no podía parar de reír.

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