La Calle

Escrito por: Randolph Carter
26 diciembre, 2016


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Era una calle ancha, una carretera la atravesaba de punta a punta, por las aceras transitaba un barullo de personas que bien miradas podrían decir que no sabían a donde iban, impulsados se guiaban entre las bocinas de los coches, los auriculares con música a todo volumen y una ambulancia que se supone llevaría a un hospital cercano algún malherido. Era ese momento en que la luna y el sol se dejan ver en el cielo azul turquesa, vagueado por alguna nube que por su forma parece borracha y resultona.

El crepúsculo comenzaba a dar paso a las farolas, la magia de la ciudad moderna se disipaba dejando a su paso el resultado de la lucha entre el terror y la fantasía de las más vagas y febriles ilusiones humanas. Puede decirse que la noche es el momento de la depravación, el vicio y todo aquello que los locos moralistas denuncian mientras una jovencita de alterne les lame las pelotas por un billete. Oh, sí, depravación, dulce y complaciente depravación.

Entre un cigarro y unas latas de cerveza barata pasaba el tiempo observando aquella calle, para mí era un ejercicio de reflexión y diversión apuntar y relatar a mis lectores lo que por esa calle pasaba noche tras noche. Esta como otras relucía por su monotonía entre algún que otro gemido del barrio de prostitutas o un escandaloso borracho huyendo de la policía, con los pantalones medio bajados y un botellín de cerveza casi vacío en su chaqueta remendada.

Es una desgracia que a sueldo de columnista del periódico local, el Huxtel Internacional, tenga que verme obligado a dejar mi hermosa obra para dirigirme calle arriba para aceptar un trabajo en la gasolinera. 50 chelines por columna a razón de columna nocturna a 6 noches por semana hacen 300 chelines, lo justo para un cartón de cigarros, un pack de 24 cervezas y una buhardilla en un octavo con una mascota y mi esposa, Margeritte.

Esta será de mis últimas noches asique tratare como siempre he intentado de complacer a mis lectores en su café matinal mientras leen el periódico y se lamentan de sus asquerosas y monótonas vidas en una oficina cuando podrían estar en alguna playa caribeña al ritmo de los tambores con alguna mulata entre sus piernas y algún habano en el bolsillo para el descanso. Relatare con el máximo rigor como desde hace cuatro años llevo ganándome la vida en lo que es la máxima expresión de mi dignidad como columnista, la calle Emerson de Buly y mi libreta de apuntes con una pegatina de la torre Eiffel y los jardines elíseos, dándole una fragancia juvenil a mi apasionada pluma y muñeca de borracho.

“Periodismo: lanza la mierda y lávate las manos” Así se definía uno de mis más admirados contemporáneos, Roger Wolfe. Quizás mi contemporáneo sepa lo duro del periodismo o solo sepa de poesía y narrativa pero comenzó así, duro, sagaz y con los ojos limpios.

00.14 una farola se apaga, chisporrotea, se enciende, se apaga, vuelve a chisporrotear. Salen un hombre y una mujer con elegantes trajes de un edificio a la izquierda del mío, del cual solo observo el portal y una ventana con un gato que me mira fijamente, es gris por lo que quizás sea blanco. Se disponen a cruzar la calle mientras ella le pide un cigarro, intuyo son una pareja que no está casada, sus trajes y la forma en que la lleva del brazo parece más de una fogosa pareja que de un matrimonio. Cruzan la calle dirigiéndose a un coche aparcado en la acera opuesta que al poco ronronea mientras una nube de humo disipa lo que antes era una farola, ella tira el cigarro por la ventanilla y le da un beso, al poco desaparecen calle arriba.

00.17 creo recordar que el equipo local había conseguido mantenerse en la liga o sino no consigo explicar la avalancha de personas con camisetas de rayas y colores que gritan balbuceando: EEEEH, OLE, OLE, OLE a través de la calle, uno de ellos se separa del resto, en una esquina vomita y continua balbuceando con su grupo mientras los otros ríen a pecho. Se pierden calle arriba aunque aún puedo escuchar sus gritos perdidos en la ciudad.

00:32 la farola se vuelve a encender, el vómito de aquel aficionado se vuelve más nítido; carne y verduras, y quizás algún refresco. Pasa una patrulla de policía con las luces y sirenas, oigo en su radio: 12-22, 12-22, tenemos en Merison y Fortom un 12-22. Merison y Fortom es la zona del puerto donde están los locales de fiesta y el barrio de prostitutas, todas las noches suele aparecer en mis columnas. Imagino es alguna pelea entre borrachos o proxenetas que aparecerá en portada en el Huxtel Internacional, periódico al cual dedico todas mis energías y profundos sentimientos.

00:46 por la esquina aparecen dos jóvenes con smoking y bastón. A lo que les siguen otros dos con chisteras y pajaritas. Parecen felices por lo que les depara la noche. Los del bastón se sientan en la parada del bus que está casi al final de la calle. Uno saca una petaca y se la ofrece al más cercano a su izquierda, niega con la cabeza y la coge el más cercano a su derecha, con gesto autoritario bebe, tose y se ríen de él los tres restantes. Una noche de júbilo y diversión sin duda alguna, a lo que el bus no llega y un taxi hace presencia, se suben y calle arriba doblando a la derecha desaparecen.

00:50 abro una quinta cerveza, un cigarro y bajo a una maquina a pocos metros a por un encendedor, entre tanto he dejado una cámara que graba como me dirijo a la máquina, se me cae una moneda, me agacho, se me cae el resto y el encendedor por fin es mío. Subo y apago la cámara.

2:48 me recupero de una leve cabezada y limpio el suelo de la buhardilla que da a la gran ventana circular por la que espío la calle como si fuera su confesor. Un par de hombres con chaqueta fosforescentes están limpiando el vómito y pegando unos carteles en las farolas de la calle. Apunto con el visor de la cámara: “Voten a Pitsbry, los impuestos nunca fueron tan bajos”.

2:51 los “carteleros” se acercan a uno de los portales y dejan sus chaquetas, parece que hay alguien durmiendo. Se despierta sobresaltado, pensaría que le estaban robando, azota las chaquetas, la emprenden a golpes contra el vagabundo quedando atontado contra la pared del portal. “Voten a Pitsbry, los impuestos nunca fueron tan bajos”

3:08 otra patrulla de policía aparece lentamente por el final de la calle,  paran en el portal del moribundo,lo meten al coche. Una señora les observa desde la ventana, me mira a la vez que  hace gestos para ver si puedo hablar con ella. Cojo la cámara para ver el interior de su casa, está el gato blanco y un bol de palomitas. La película era Western.

3:13 me giro con una cerveza, cojo la cámara y empiezo a grabar como un grupo está en orgia en uno de los soportales de la derecha, no hay que desperdiciarlo; igual las revistas X me dan 200 chelines por unas fotos.

3:55 la orgia termina y me subo los pantalones, mi mujer está durmiendo no creo que me haya oído.

3:56 apunto en la libreta: Hemos nacido así.

4:00 los basureros llegan para vaciar los pocos contenedores apostados entre el final y el comienzo de la calle, desde donde les observo. El camión se frena ante el contenedor del fondo, los hombres bajan y colocan un gancho en el contenedor, lentamente empieza a subir, se abre y cae sobre los operarios una montaña de basura que casi me parece puedo oler ese aroma a pescado rancio de la pescadería de al lado. Terminan de recogerlo y pasan al siguiente.

4:10 el camión se retira con los operarios subidos al camión.

4:13 un hombre cruza la calle con una maleta, sin traje ni corbata, clase turista. No da para más.

5:58 la calle se ha mantenido silenciosa con la luna alta, silenciosa. Qué asco.

6:20 el sol empieza a levantarse por el horizonte. Los primeros borrachos empiezan a meterse en sus casas para mañana lamentar su resaca. El coche de la pareja aparca. Intenta meter la llave para cerrar el coche, cierra, cruzan y entran al portal. He de terminar la columna para entregarla a las 7 en la oficina, una suerte que vivo encima.

 

 

Emerson de Bury: visiones de decadencia

 

Hace 34 años el alcalde de esta ciudad puso nombre a esta ancha calle, por ella han pasado cientos de historias que nunca tendrán constancia. Durante 4 años he dedicado mi tiempo a relatar estas historias desde mi particular visión noche tras noche sin desperdiciar un ápice de tiempo en hacer bonitas palabras ni parábolas ni hipérboles ni siquiera una mísera metáfora, he dedicado mi alma a expresar lo que por esta calle ha quedado marcado y hará idea de esta nuestra ciudad, desde borrachos hasta simples transeúntes he querido dar voz a la más bonita calle de nuestra ciudad. Sin cobrar un chelín de más. Sin vacaciones. Mi alma ha estado hasta que alguien, tonto sea, retome mi labor.

Jefe debería lavarse la camiseta azul que con tanta presencia lleva a diario, su mujer, si es que aún le soporta ya se lo tendrá dicho. Si quiere buenas columnas no contrate a un borracho que se gasta su sueldo en beber fumar y follar.

 

Ricky Trevinsky.

 

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